Toda la congregación, unida como un solo hombre, era de cuarenta y dos mil trescientos sesenta, sin contar sus siervos y siervas, que eran siete mil trescientos treinta y siete. Había también doscientos cantores y cantoras. Tenía setecientos treinta y seis caballos; doscientas cuarenta y cinco mulas. Asimismo, cuatrocientos treinta y cinco camellos y seis mil setecientos veinte asnos.(Esdras 2:64-67)
Ahora que ya sabemos que Dios es el dueño de todo el universo. Podremos comprender que cuando tiene un plan, se va proveer de recursos humanos para llevar a cabo la obra, que en este caso fue la reedificación de la casa de Dios en Jerusalén luego de 70 años de haberse saqueado, destruido y abandonado. Muchas veces nos hemos sentido así como Elías, desanimados porque al parecer solo nosotros tenemos ese vivo celo por Dios y lo hemos demostrado en grandes luchas espirituales, sin aparentemente ver que otros tienen ese mismo sentir. Pero Dios le dice a Elías lo siguiente: Pero haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal y cuyas bocas no lo besaron; en otros términos: Tranquilo Elías, conozco tu corazón, así es que no estas sólo en este sentir. Si Dios puso en tu corazón y te marco para hacer una obra especifica y tenes celo por las cosas santas, acuérdate de esto siempre: No estas sólo/a, Dios se ya se proveyó de personas con tu misma visión y pasión para alcanzar el deseo de Dios.
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