Cuando Jehová vio que se habían humillado, vino palabra de Jehová a Semaías, diciendo: «Se han humillado, no los destruiré, sino que los salvaré en breve y no se derramará mi ira contra Jerusalén por mano de Sisac. Pero serán sus siervos, para que sepan lo que es servirme a mí, y qué es servir a los reyes de las naciones.» Así pues, por haberse humillado, la ira de Jehová se apartó de él y no lo destruyó del todo, ya que aún en Judá había cosas buenas.(2 Crónicas 12:7-8, 12)
Vemos que la palabra humillación hace referencia a la acción y también al efecto de humillar, verbo cuya etimología la hallamos en el latín “humiliare” a su vez derivado del término “humus” que significa “suelo”, lugar donde queda el ser que resulta humillado, ya que se lo rebaja y se lo postra a los pies de quienes siente superiores, o de quienes lo obligan a tomar esa posición, aunque también alguien puede humillarse a sí mismo sin intervención de terceros. Eso mismo hizo el rey Roboam y todo el pueblo de Israel, se humillaron, al ver a los enemigos alrededor de ellos y que eran innumerables a causa de dejar de cumplir la ley de Dios. Puede que hoy estas de siervo de tus propios deseos y decisiones orgullosas para que justamente sepas lo que es servirle a la carne y lo que es al Espíritu, pero al humillarte, te aseguro que en breve vendrá la palabra de Dios y la salvación(libertad) que solo Jesús puede dar. Hay cosa buena en ti cuando te humillas ante Dios. Humillaos delante del Señor y él os exaltará.(Santiago 4:10)
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