Hiram también decía: «Bendito sea Jehová, el Dios de Israel, que hizo los cielos y la tierra, y que dio al rey David un hijo sabio, entendido, cuerdo y prudente, que va a edificar una casa a Jehová y una casa para su reino.(2 Crónicas 2:12)
Hay algunos refranes que se queda grabado en la mente que ciertamente señalan verdades. Uno de ellos es: crea fama y acuéstate a dormir; dando a entender que una vez que creaste una cierta reputación, esa reputación te antecederá y así como se tomo tiempo para crearla, tomará aun mas tiempo y esfuerzo para cambiarla de vuelta. Esta es la fama que se mandaba Salomón de parte del rey de Tiro, Hiram: Sabio, entendido, cuerdo y prudente; toda su reputación apuntaba a conocimientos muy amplios y profundos, una mente sana y equilibrada. Al ungido niño David se le conocía de esta forma mencionada en 1 Samuel 16:18: Entonces uno de los criados respondió: He visto a un hijo de Isai de Belen que sabe tocar; es valiente y vigoroso, hombre de guerra, prudente en sus palabras, hermoso, y Jehová está con él. Teniendo estos ejemplos bíblicos, surge la gran pregunta para cada uno de nosotros: ¿que fama hemos creado?.
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