Pero él rechazó el consejo de los ancianos, y pidió la opinión de los jóvenes que se habían criado junto a él. ―Amigos míos —les dijo—, ¿qué piensan que debo hacer? ¿Debo ser más complaciente con ellos de lo que fue mi padre?(2 Crónicas 10:8-9 NBV)
El rey Roboam, hijo de Salomón y sucesor del mismo en el trono, ante una petición de Jeroboam con todo Israel, pide consejo a los ancianos que estaban con su padre, a los que ellos le dan una recomendación que no le gustó al rey, por consiguiente fue junto a los jóvenes, sus amigos, para escuchar su dirección con respecto al mismo asunto. Finalmente, rechaza el consejo sabio de los ancianos y hace tal cual se lo recomendaron sus amigos teniendo consecuencias negativas con el correr del tiempo. Parece bien conocido este cuadro: vamos primero a las personas que consideramos ancianos o sabios, sabiendo que nos guiaran de forma correcta pero al final, como no escuchamos de sus labios lo queremos escuchar, buscamos en amigos que consientan con nuestros mismos pensamientos e ideas. Mejor busca el consejo del Anciano de días, así como lo describe Daniel a Jesús y encontrarás al admirable, consejero y príncipe de paz. Luego de escucharlo, levántate y haz.
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