Puede suceder que haya hambre, epidemias o que se arruinen las cosechas por cualquier tipo de plaga, sea por moho, por langostas o por gusanos; o que el enemigo tenga sitiada alguna ciudad o, en fin, que sobrevenga cualquier plaga o enfermedad. Si alguien de tu pueblo Israel ora o te suplica, consciente de su dolor y su aflicción, levantando los brazos hacia este lugar, escúchalo desde el cielo donde vives, y perdónalo. Responde a su petición y dale a cada uno conforme a lo que tú sabes de su vida y actitud. Porque sólo tú conoces el corazón de cada ser humano. De esta manera ellos te respetarán y andarán en tus caminos todos los días que vivan en la tierra que diste a nuestros antepasados.(2 Crónicas 6:28-31 PDT)
Lo que subió como oración en los cielos, bajó como respuesta a la tierra. Ese es uno de los motivos por los cuales confiamos en el poder de la oración a nuestro Padre que está en los cielos, porque sabemos que nos oye. Salomón al dedicar el templo levanta una oración citando una situación mas que similar a la que estamos hoy viviendo a lo que Dios responde en esa misma noche diciendo en 2 de Crónicas 7:13-14 PDT.: Cuando yo no permita que llueva, o mande a las langostas para que devoren los campos, o envíe epidemias sobre mi pueblo, y si mi pueblo que se identifica usando mi nombre se humilla, ora, me busca y abandona su mala conducta, entonces yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré sus pecados y restauraré el bienestar del país.
Ese es el gran pero que Dios demanda que vivamos en este tiempo todos aquellos que llevamos su nombre: si nos humillamos, oramos, buscamos su rostro y nos arrepentimos de nuestros malos caminos nos escuchará, perdonará y devolverá la salud a la tierra. Si este es tu mayor deseo para este tiempo, ya sabes lo que te corresponde hacer y Dios hará lo que prometió que haría.
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